Libertad. Otto Rene Castillo.

Tenemos por ti tantos golpes 
acumulados en la piel, 
que ya ni de pie 

cabemos en la muerte.

En mi país, la libertad no es sólo 
un delicado viento del alma, 
sino también un coraje de piel. 
En cada milímetro de su llanura infinita 
está tu nombre escrito: libertad.
En las manos torturadas. 
En los ojos, abiertos al asombro del luto.


En la frente, cuando ella aletea dignidad. 
En el pecho, donde un aguante varón 
nos crece en grande. 
En la espalda y los pies que sufren tanto. 
En los testículos, orgullecidos de sí.
Ahí tu nombre, tu suave y tierno nombre, 
cantando en esperanza y coraje.

Hemos sufrido en tantas partes 
los golpes del verdugo y escrito en tan poca piel 
tantas veces su nombre, que ya no podemos morir, 
porque la libertad no tiene muerte.

Nos pueden seguir golpeando, que conste, si pueden.
Tú siempre serás la victoriosa, libertad.
Y cuando nosotros disparemos el último cartucho, 
tú serás la primera que cante en la garganta 
de mis compatriotas, libertad. 
Porque nada hay más bello sobre la anchura 
de la tierra, que un pueblo libre, gallardo pie, 
sobre un sistema que concluye.

La libertad, entonces, vigila y sueña 
cuando nosotros entramos a la noche 
o Ilegamos al día, suavemente enamorados 
de su nombre tan bello: libertad.

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